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En la fase oscura del ciclo, la furia líquida del planeta golpea el límite pétreo, cubierto de un verdor ancestral y corroído. Erupciona un espectro de color intenso: fulgores fucsias, radios amarillos y pulsaciones rojas. Columnas de agua salada ascienden hacia las nubes oscuras, formas yunque de contrastes agudos. En el primer plano, una flor solitaria, de pétalos sedosos en fusión triádica de blanco puro, azul vibrante y naranja lumínico, irradia un fulgor dorado sobre la roca adornada con olvidos celestes y filamentos marinos. El fondo, un abismo de azur con estelas blancas, es iluminado con crudeza, exaltando texturas y detalles. Una captura hiperreal de energía, emoción y una persistente señal de esperanza en la noche tormentosa.
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