Soy peregrino en mi propia tierra. Galisteo está a pocos kilómetros de Plasencia y por autovía. Pasar la mañana, con cualquier disculpa, en este pueblo, amurallado en su totalidad, tomar café a la sombra un día de calor, admirar el ábside mudéjar de su Iglesia, comprar pan... La pequeña escultura, convertida en monumento por obra y gracia del teléfono móvil, es el testimonio de una mañana gozosa en compañía de mi cuñado José Luis.
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