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Delicadeza y sencillez, dos valores esenciales en la producción de Joan Hernández Pijuán. Esta pieza de 1982 es buen ejemplo de ello con la liviandad de unas grafías como pétalos de cerezo.
Sin fondo ni dimensiones, unos apuntes muy rápidos evocan en el vacío realidades que tienen reminiscencias arbóreas. Líneas que se alternan con manchas del más pálido turquesa para agigantar el valor del espacio infinito. La hondura poética de ‘A. L. Osaka’ proviene precisamente de la frágil conexión que mantiene con el mundo real. Un mundo que a los ojos de Hernández Pijuán se vuelve arcano y silencioso, como de caligrafía japonesa.
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